Crítica del concierto del Festival Acróbatas, Teatre Joventut 10 de noviembre de 2010, 21.00 horas.

 

¡Por goleada! Quique González 5 - Teatre Joventut 0

 

Un cistellet!

En mi casa, cuando era niña y el Barça brillaba más de la cuenta -estoy hablando de otro Barça, de aquel que tardaba 14 años en ganar una liga, aquel que en Europa era el rey de la segunda competición de la época, la Recopa... cabeza de ratón en la era pre-Mesi, pre-Guardiola, pre-casi todo....- mi padre utilizaba esta expresión tan gráfica para ilustrar el "cestito de goles" que a veces, muy raras entonces, se endosaba al contrario en una tarde radiante de goles.

Ayer caí, fulminada como el rayo, tras tres canciones enormes cantadas así, sin anestesia y sin nada, a lo bestia. Tres pepinazos de esos desde el medio del campo, de los que dejan al portero rival mirando para Cuenca, de los que petrifican a los seguidores contrarios en su aún frío asiento de grada general mientras piensan "jooder, me podía haber quedado en casa calentito viendo la TV, aquí ya está todo el pescado vendido..."

Pues eso, Sr. González, ya sé que su intención era variar el repertorio de los últimos conciertos ofrecidos por tierras catalanas. Ya sé que era lo mejor para empezar el concierto "in crescendo", primero Ud. solo, después con su hermano Jacob en el contrabajo, después con su viejo-nuevo compañero de viaje Raya a la guitarra. Para ir introduciendo a la banda -gran banda, como siempre- en las siguientes canciones. Pero es que una servidora no está acostumbrada a tanta luz de golpe: Rompeolas, Doble fila, Día de feria. Vaya arranque: de 0 a 100 sin tiempo para fijarse el cinturón: acelerón mortal. Era como estar viendo una ansiada final de Champions y que uno de los dos equipos hubiera metido un contundente 3-0 en 5 minutos. Así se arranca de cuajo cualquier atisbo de duda: como no podía ser de otra manera, la fiesta acababa de empezar y Quique iba a ganar por goleada.

Luego siguió el concierto. Como siempre impecable. Como siempre cargado de buenas melodías, magistralmente tocadas por la banda, intensamente cantadas. Y las letras de las nuevas y viejas canciones... uffff las letras. ¿Qué demonios leerá este tipo para escribir así? Una mezcla de fascinación-envidia recorre mis venas. Qué mal repartido está el mundo. Tanto talento para este chaval, no me extraña que los demás nos dejemos la piel para escribir mediocridades.

Las letras del Sr. González merecen un capítulo aparte... Lo mejor de lo mejor. La miel sobre hojuelas que describían nuestras abuelas. La guinda del pastel de rock mejor servido. La cima de la composición española de los últimos años. Están las letras de Quique, y a mil años luz, todo lo demás. Lo tuvimos tan cerca, que nunca lo vimos, lo perdimos tan fácil que valió la pena...está borrándose en el tiempo, como la huella de un explorador, no supe dibujar sus sueños, deslumbrado por un halo de luz... estas "nuevas perlas" del Daiquiri blues se engarzan a las ya clásicas para los anales del rock nacional, a saber, -hay tantas- tengo en la memoria la estructura de los labios incorrectos y otras de las formas que aparecen en los mapas que dibujas cuando te desnudas...y ahora ya no puedo prestarte mis alas, ni subirte la falda, ni cogerte con vicio, ahora da lo mismo reírse de todo que llorar por nada. ...

El talento sin límite de este artista tan humilde -a la vista de la calidad de sus últimos trabajos, el techo está todavía muy alto, la cumbre no parece cercana aún- está perfectamente arropado por un puñado de buenos músicos, que sin demasiado ruido, sin fenómeno fan, sin multinacionales de la música detrás, están por una vez poniendo las cosas en su sitio, y arrancan las mejores críticas del panorama patrio. Pero este chico tímido y bajito crece y crece en el escenario, y cada canción de su amplio repertorio es mejor que la anterior. Y los teatros cuelgan días antes el maravilloso cartel de "entradas agotadas" y el auditorio, aunque inicialmente se muestre incomprensiblemente frío como anoche en Hospitalet, acaba poniéndose en pie cantando y bailando "Cuando éramos reyes".

Acaba el concierto. Se encienden las luces. Seguimos bailando la música ambiental que nos ameniza la salida. Nos resistimos a marchar. Ávidos de rock, huérfanos de la magia que Quique enlaza, palabra a palabra, verso a verso, en el cada vez más grande puñado de temas dignos de ser considerados lo mejor jamás escrito para el rock nacional. ¿Cuando vas a volver otra vez por aquí? I'm coming... I'm coming... I'm coming...