Estamos en crisis. El mundo es convulso y difícil, y la injusticia impera por todas partes. Pero ayer recibimos la noticia del fallo de la Academia sueca y Mario Vargas Llosa ya ha recibido su premio Nobel. 400 millones de hispano hablantes de todo el mundo esbozamos una sonrisa, POR FIN le han dado el premio.... al OTRO.
Mis razones para alegrarme y sentir el premio como propio...
1. La calidad del autor. Corrección, riqueza léxica y semántica. Pulcritud. Un estilo sencillo y grande a la vez. Leer a Mario Vargas Llosa es leer al gigante de las letras en lengua española contemporáneo. Una vez le preguntaron (bueno, una vez y cientas ) que por qué creía él que todavía no le habían concedido el Premio Nobel. Contestó sabiamente: "bueno, teniendo en cuenta que no se lo dieron a Borges y que yo no soy nadie a su lado... de qué tiene que extrañarnos". De sabios es rectificar. Esta vez la Academia ha premiado la CALIDAD literaria, y ello no debiera de sorprendernos jamás. Pero claro, después de lo de Obama el año pasado...
2. El compromiso con la libertad. Puedes ser de "derechas", de "izquierdas", medio-pensionista... da igual. No puedes leer "La fiesta del Chivo", "Los jefes", "Los cachorros", "La ciudad y los perros", -por nombrar sólo algunas, hay más- y no reconocer que estás leyendo la obra de un gran defensor de la libertad del ser humano.
3. La popularidad y accesibilidad de sus obras. ¡Por fin le han dado el Nobel a alguien del que casi todos hemos leído algo! Hace tantos años que más que un fallo sobre literatura parecía un concurso para escoger al autor más extraño, de la lengua más minoritaria... un premio sólo al alcance de ciertas "élites"... y lo más sorprendente es que al día siguiente, cuando no eras capaz de recordar el nombre del premiado, leías alguna columna de algún erudito que había seguido inexorablemente la trayectoria literaria del afortunado y tú pensabas... "bueno, o realmente lo ha leído y puede ser verdad, porque en este mundo hay gente pa tó, o me la está dando con queso porque total, si me cuenta una milonga, tampoco me voy a enterar..."
4. La sencillez de su persona. Cuentan una anécdota los que le conocen, que en España son muchos puesto que, además de tener también nuestra nacionalidad, ama nuestro país y lo conoce muy bien y muy profundamente.
Dicen que una vez paseando por Madrid, una persona de la calle lo reconoció... sorteó el tráfico, corrió en las aceras y llegó por fin a su lado, con una gran sonrisa se dirigió a él mientras le tendía amablemente la mano "qué bien, le he reconocido, qué ilusión más grande! Porque Ud. es Gabriel García Marquez, ¿verdad?"... y Mario, sin abandonar su sonrisa, le contestó "bueno, pues no exactamente, digamos que yo soy "el otro"... pero también me encanta 100 años de soledad...
5. Su generosidad con otros escritores y la deportividad con la que ha encajado todos estos años el no obtener el reconocimiento que sí le hemos dado alrededor del mundo millones de lectores. Esta mañana escuché en una tertulia radiofónica otra anécdota que desconocía. Dicen que hace unos años en una entrevista le preguntaron por algún libro reciente que le hubiera gustado. Él elogió públicamente "Soldados de Salamina" del cacereño Javier Cercás. La casualidad hizo que ese mismo año ambos autores fueran finalistas del mismo premio que en Francia se otorga cada año al mejor escritor en lengua no francesa. Lo obtuvo Cercás. Los amigos de Mario le dijeron " pero Mario, cómo se te ocurre hablar bien del libro de Cercás, otro año no hagas eso, hombre..." y Mario les contestó "¿y por qué no?, si es un libro magnífico. No me han dado el premio: ¡me han dado la razón!".
6. Su contribución al engrandecimiento de la lengua española. Realmente escribe tan bien como hoy se reconoce en todos los medios. Espero que gracias al Nobel, los alumnos de la enseñanza pública en nuestro país tengan la "obligatoriedad" de leer alguna de sus obras... ya se sabe, que si no es "obligatorio" difícilmente se la comprarían sus padres. La mayoría lo leerán obligados, pero alguno habrá que al cerrar la última página de "La tía Julia y el escribidor" piense "acabo de leer un gran libro, qué suerte que me hayan obligado".
Mi enhorabuena, maestro. Me quedan pendientes muchas lecturas, intuyo que magníficas, y aún desconocidas, prometo saldar pronto mi deuda.
Y dentro de media hora se va a fallar el Premio Nobel de la Paz. La Fundación Vicente Ferrer es una de los candidatos. Si lo ganamos también "hacemos pleno al quince", ¡prometo celebrarlo!

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