Los girasoles ciegos, los directores sordos y los cines vacíos.
El viernes fui a ver "cine español". Pagué por ver "cine español". No es la primera vez que lo hago, y aunque la sensación tras ver la película lo justificaría plenamente, no será la última. Posiblemente sea una optimista empedernida e incorregible. O quizás es que me conformo con muy poco... con ver un Ourense caracterizado de años 50 como triste decorado, con algún buen actor intentando salvar un guión largo y tedioso como pocos... Disfruto con nuestra literatura, me emociono con nuestra poesía, por lo que me resisto una y otra vez a pensar que algún día llegue a disfrutar con nuestro cine. Pero mientras éste siga retratando una y mil veces la misma historia de buenos muy buenos y muy dignos y muy pobres... y malos, muy malos, malísimos y crueles... a golpe de talonario de guión convenientemente subvencionado, nos quedarán tantos grises en nuestra paleta de narrador de historias, como oportunidades perdidas en las salas cinematográficas.
De "Los girasoles ciegos" sólo me atrevería a salvar una dirección artística correcta. Con una ambientación claustrofóbica y unos claroscuros que recuerdan levemente el neorrealismo italiano. Un Javier Cámara muy metido en su papel de muerto en vida. Una Maribel Verdú disciplinada y mejorada con los años, pero que sólo consigue emocionar sucintamente en el desenlace dramático de la trama -cuando se trata, posiblemente, del mayor papel dramático de toda su carrera-. La película, encorsetada como pocas en ideario y factura, aburre a los espectadores hasta la desesperación. El papel de diácono perverso resulta histriónico e increíble, ni siquiera situado en aquella España oscura que sacaba seguramente lo peor de cada uno, son siquiera imaginables las repetitivas escenas del falso-cura-obsesionado persiguiendo a falsa-viuda-atormentada por las callejuelas empedradas de ninguna capital de provincias. Salvador, el aprendiz de cura protagonista, parece una caricatura de sí mismo, como la película entera parece la caricatura exagerada de una parte fundamental de nuestra historia reciente.
Por lo demás, la película lenta hasta la exasperación -muy mal presagio la primera escena interminable entre el diácono y su director espiritual- no llega a emocionar como sí lo hiciera en cambio "La lengua de las mariposas". Esta vez no hay un Fernando Fernán Gómez que justifique ningún exceso de metraje. Los actores -sobretodo el matrimonio creado por Maribel Verdú y Javier Cámara- hacen una buena interpretación, pero el ritmo del guión es tan lento y previsible que los espectadores son incapaces de generar ningún sentimiento de empatía hacia los atormentados personajes.
Mientras los directores en particular, y nuestra industria cinematográfica en general, hagan oídos sordos a los gustos del público y a las enormes posibilidades narrativas que se manejan fuera de nuestras fronteras, porque se conformen con situar su proyecto en la cabecera de películas subvencionadas del año por el gobierno de turno, sea éste del color que sea, todos nuestros girasoles cinematográficos seguirán tan ciegos comos éstos de Cuerda, y nuestras salas tan vacías de espectadores como es de costumbre.




la-teta-en-el-ojo dijo
hola!!! cual es la ciudad del viento?
saludos
la teta
8 Septiembre 2008 | 01:11 PM