Crítica de "Luz de domingo", J.L. Garci
Ayer fui al cine. Pero podría haber asistido a una clase magistral de narrativa cinematográfica. Para el caso, sería lo mismo. Vi "Luz de domingo", de José Luis Garci. Y, además de disfrutar de una historia muy bien narrada, entendí muchas cosas. Por qué, pese a las críticas siempre desfavorables, Garci sigue siendo nuestro mejor cineasta. En el primer plano, "alguien llega". Una vez más, la clásica estructura del western. El "forastero" llega al pueblo, donde nunca pasa nada, hasta que pasa de verdad, y se desencadena la tragedia. En este caso, Urbano, el nuevo secretario de Cenciella, provoca con su llegada que viejos rencores se aviven, en una España dominada por el caciquismo y la envidia al prójimo. Allí se enamorará de Estrella, la bondad hecha doncella, y el desencadenante de la envidia de los hijos del cacique. Urbano y Estrella conforman esa extraña y frágil pompa de jabón, donde la belleza emana de la bondad de las personas. Todo es perfecto, en su frágil harmonia. Hasta que la realidad impera, de forma brutal, y los dominantes deciden poner fin al equilibrio con una cobarde y brutal agresión sexual. Es entonces donde la película alcanza su cumbre narrativa. Acabada la larga introducción, el espectador queda atrapado en la penumbra de la sala. Sabe, desea incluso, que la venganza proclame la justicia arrebatada. Pero no sabe cómo, ni cuando, ésta se producirá. Joaco y Urbano, el corazón y la razón, el ejecutor y el cerebro. Uno pone sus manos a disposición del otro, y el otro, calculador, elige el momento adecuado. La mejor escena, sin duda, un insuperable Landa ordenándole al protagonista "tú sigue siendo como eres, y déjame a mi ser como soy". Y los enamorados emprenderán el largo viaje hacia su segunda oportunidad en la tierra prometida. Mientras el ejecutor, el viejo lobo herido con la deshonra de su nieta, decide poner la rúbrica materializando por fin la venganza. Introducción, nudo y desenlace. Y para concluir la estructura circular de toda buena historia, en el último plano, de nuevo... "alguien llega". Lo mejor, las deliciosas tramas secundarias, la excelente dirección de actores, la contención de Landa, un gigante. La brutalidad de Larrañaga, el mejor del reparto. Como ya es habitual, la bella fotografía sobre Asturias. Quizás lo peor, el ritmo injustificadamente lento de la introducción, y la visión de un Nueva York de cartón piedra. Al fin, absolutamente recomendable.

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