Categoría: cine
13 Noviembre 2009
Hace años de su estreno, pero yo la descubrí por casualidad en una reposición de TVE.
Sorprendente. Diferente. Inteligente. Agridulce. Pesimista. Fatal.
Un buen ejercicio de voyeurismo, la oportunidad de presenciar desde nuestra butaca de espectadores todas las miserias, mentiras y dobleces que el ser humano es capaz de hacer-dejarse hacer con tal de sucumbir a sus deseos más inconfesables.
Hermoso inicio, con una bella factura, preciosista fotografía en una de las "cities" más atractivas y fotogénicas del mundo, Londres. Y cuatro actores "celebrities" capaces, cada uno de ellos por separado, de atraer al público masivamente a las salas de cine más comerciales.
Lentamente, pero sin pausa, la trama se va enredando, y los tonos grises invaden las miradas atónitas de los sorprendidos espectadores. Nadie es lo que parece, la seducción está servida, y todo vale con tal de salirse con la suya. La traición se consolida, nadie es del todo inocente, pero nadie parece absolutamente culpable. Doble moral. Fidelidades imposibles. Historias inverosímiles que parecen reales gracias a la brillante interpretación de los cuatro en juego.

Un Jude Law que empieza arrogante y acaba humillado y desnudo llorando ante su rival, fragilidad total, la belleza de una mirada atormentadamente infeliz.
Una Julia Roberts en un registro diferente al que nos tiene acostumbrados, un tinte de perpetua inseguridad aderezado con un punto de auto masoquismo la hace tambalearse en su propia montaña rusa sexo-sentimental, entre la ternura y la dominación. ¿Quién no conoce a alguna Anna incapaz de tomar las riendas de su propia vida amorosa? Sin duda una de sus mejores interpretaciones.
Un Clive Oven soberbio, el sinvergüenza arrollador. La seguridad en sí mismo doblegada por una obsesión. Incluso los más fuertes tienen pequeñas grietas y pueden ser víctimas de sus propios planes de venganza. Grandísima interpretación.

Y Natalie Portman. No la he dejado al final por casualidad. Impresionante construcción de un personaje. Su vulnerabilidad, fruto de su belleza pequeña, discreta, angelical hace de perfecta argamasa para toda la película, sin ella nada tiene sentido, es la pieza del puzzle que posibilita todo el engranaje. Y la sorpresa final que nos brinda su personaje deja al espectador enganchado literalmente a su butaca, tarareando una bonita balada de pop británico y recordando los pasos de una etérea Alice-Jane que parece flotar sobre el asfalto de New York.
Bajo mi punto de vista, una película muy recomendable.
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30 Marzo 2009
Este interesante "género" cinematográfico se refiere a aquellas películas cuyo argumento se desarrolla a lo largo de un viaje. No, no me he confundido al escogerlo. Creo que Bella es una "road movie" por el intenso viaje que supone la vida.
El interrumpido viaje de José, atascado en un oscuro recodo del pasado, un punto del trayecto que no puede superar, aunque pasen los años y se esconda de la gente tras su frondosa barba en la grasienta cocina del restaurante de su hermano. Él sigue anclado en aquel aciago punto kilométrico de su destino, maldiciendo el momento en el que todo dió un inesperado cambio de rumbo y sus ganas de vivir se truncaron para siempre.
El ni siquiera iniciado viaje de Nina , el de una maternidad no planeada. Ella, superada por las circunstancias, -sentimiento de soledad, un trabajo poco cualificado del que primero te despiden, y luego te preguntan si has tenido algún problema- decide atajar su problema de raiz, antes de pararse a pensar si realmente su vida va a ser mejor después de un aborto, si solucionará en algo su ya precaria existencia.
El largo y fructífero viaje de un matrimonio latino de avanzada edad, llegados a un punto de cálida madurez, viendo crecer a los hijos, esperando quizá la llegada de algún nieto. Preocupados por la frustración de su hijo José, víctima de sus propios sentimientos de culpabilidad. Viviendo a su manera, aún lejos de su añorada tierra. Pero felices en ese mundo que han construido, alrededor de una luminosa y festiva mesa de comedor, iluminando sus noches con unas tiernas lámparas portátiles.
Y el de otras rutas secundarias, la del hermano mayor, que se preocupa por su hermano, aún concentrado en sacar adelante sus negocios en la gran urbe. Interesante personaje mezcla de todo lo bueno y todo lo malo que el ser humano puede albergar, demasiado ambicioso para entablar relaciones más humanas con sus subordinados, pero con una belleza interior, que la compañía de un hermano herido puede todavía sacar a la luz.
El viaje de la vida, donde las decisiones se pagan, y las indecisiones aún más. Donde los pasos del presente, por atribulados que sean, construyen el camino que te conducirá al futuro. Donde algún día te girarás sobre tus pasos, y descubrirás si has llegado al punto que querías al inicio de tus días. Y te reconocerás en él, o no. Y te gustará sonreir, aunque no lo puedas ver con tus propios ojos, y le pidas a un transeúnte que te describa sus colores.
Y los inesperados cambios de rumbo. Casualidades que pueden cambiar tu destino, tu manera de ver y entender las cosas. Un día tan absurdo como cualquier otro, que empieza con dos seres agobiados dando vueltas por la ciudad de N.Y. , y que finaliza con una pequeña luz de esperanza sobre la arena de una playa.
Y el viaje de José vuelve a reemprenderse.
Y el de Nina empieza en ese instante.
Y el de Bella tiene, al fin, su oportunidad para ser.
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10 Septiembre 2008
Empiezo este nuevo comentario con la siguiente afirmación: soy absolutamente profana en el mundo de la ópera. Y, sin embargo, debo confesar que me encanta. Poco a poco me voy adentrando en él. Y disfruto con cada nuevo hallazgo. Un nuevo rol que supera a otro que creía inalcanzable, una nueva aria que añadir a mi pueril lista de preferidas...
El lunes pasado asistí (en la retransmisión cinematográfica, ¡ya me hubiera gustado a mi poder estar en Londres!) al estreno de Don Giovanni de Mozart en el Covent Garden de Londres, inicio de la temporada 08-09 de la ROH. Dirigida por el carismático Mackerras, bajo la dirección musical de Antonio Pappano y la brillante puesta en escena de Francesca Zambello.
Os adjunto unos links a algunas críticas de la prensa londinense que, sobretodo, se hacen eco de la retransmisión digital de la señal a salas de cine de toda Europa:
http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/music/reviews/don-giovanni-royal-opera-house-london-924348.html
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/09/09/cronicasdesdeeuropa/1220948173.html
El resultado me pareció magnífico. A resaltar el acierto del casting en todos los roles. Fueron muchos los momentos destacables de la retransmisión, la increíble fuerza del Don Giovanni interpretado por Simon Keenlyside, la magnífica contrapartida en el papel de Leporello por parte de Kyle Ketelsen. La jovial Zerlina de Miah Persson. Todo, en definitiva, creo que brilló a una gran altura. La soprano Marina Poplavskaya tuvo algunos problemas debido a un inoportuno resfriado, pero su calidad y profesionalidad salvaron su actuación.
Pero yo recordaré esa noche como la noche que conocí a la mezzosoprano norteamericana Joyce DiDonato. Creo que esta mujer merece una mención especial en mi cajón de "cosas admirables". Maravillosa, divertida, brillante como Donna Elvira. Creo que fue "su noche". Se estrenaba en este papel. La responsabilidad era enorme. Londres una de sus ciudades preferidas. Y la hizo suya. Estuvo inmensa.
Pero todavía más maravillosa, divertida y brillante creo que debe ser ella como persona. Os invito a todos a entrar en su blog "Yankeediva". En este original espacio en la red, plagado de amor a su profesión y desbordante sentido del humor, veréis a través de su inseparable cámara fotográfica el mundo de la ópera desde la ventana de su camerino. Todo un paseo por el "backstage" de una Diva de carne y hueso. Impresionante.
http://www.yankeediva.blogspot.com/
Rompe los esquemas de todo aquél que se acerque al mundo de la ópera con prejuicios, creyéndolo aburrido, caduco, encorsetado y prepotente. Todo lo contrario. Está más vivo que nunca. Con la pasión de siempre, las nuevas tecnologías abren las puertas de los templos sagrados a un nuevo público, ávido de todas las emociones que sólo el gran género puede despertar. Aprovechad como yo la posibilidad de acercarse a ella que nos ofrecen las retransmisiones cinematográficas. Enamorarse del género y pisar después un gran teatro será la consecuencia más lógica.
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8 Septiembre 2008
El viernes fui a ver "cine español". Pagué por ver "cine español". No es la primera vez que lo hago, y aunque la sensación tras ver la película lo justificaría plenamente, no será la última. Posiblemente sea una optimista empedernida e incorregible. O quizás es que me conformo con muy poco... con ver un Ourense caracterizado de años 50 como triste decorado, con algún buen actor intentando salvar un guión largo y tedioso como pocos... Disfruto con nuestra literatura, me emociono con nuestra poesía, por lo que me resisto una y otra vez a pensar que algún día llegue a disfrutar con nuestro cine. Pero mientras éste siga retratando una y mil veces la misma historia de buenos muy buenos y muy dignos y muy pobres... y malos, muy malos, malísimos y crueles... a golpe de talonario de guión convenientemente subvencionado, nos quedarán tantos grises en nuestra paleta de narrador de historias, como oportunidades perdidas en las salas cinematográficas.
De "Los girasoles ciegos" sólo me atrevería a salvar una dirección artística correcta. Con una ambientación claustrofóbica y unos claroscuros que recuerdan levemente el neorrealismo italiano. Un Javier Cámara muy metido en su papel de muerto en vida. Una Maribel Verdú disciplinada y mejorada con los años, pero que sólo consigue emocionar sucintamente en el desenlace dramático de la trama -cuando se trata, posiblemente, del mayor papel dramático de toda su carrera-. La película, encorsetada como pocas en ideario y factura, aburre a los espectadores hasta la desesperación. El papel de diácono perverso resulta histriónico e increíble, ni siquiera situado en aquella España oscura que sacaba seguramente lo peor de cada uno, son siquiera imaginables las repetitivas escenas del falso-cura-obsesionado persiguiendo a falsa-viuda-atormentada por las callejuelas empedradas de ninguna capital de provincias. Salvador, el aprendiz de cura protagonista, parece una caricatura de sí mismo, como la película entera parece la caricatura exagerada de una parte fundamental de nuestra historia reciente.
Por lo demás, la película lenta hasta la exasperación -muy mal presagio la primera escena interminable entre el diácono y su director espiritual- no llega a emocionar como sí lo hiciera en cambio "La lengua de las mariposas". Esta vez no hay un Fernando Fernán Gómez que justifique ningún exceso de metraje. Los actores -sobretodo el matrimonio creado por Maribel Verdú y Javier Cámara- hacen una buena interpretación, pero el ritmo del guión es tan lento y previsible que los espectadores son incapaces de generar ningún sentimiento de empatía hacia los atormentados personajes.
Mientras los directores en particular, y nuestra industria cinematográfica en general, hagan oídos sordos a los gustos del público y a las enormes posibilidades narrativas que se manejan fuera de nuestras fronteras, porque se conformen con situar su proyecto en la cabecera de películas subvencionadas del año por el gobierno de turno, sea éste del color que sea, todos nuestros girasoles cinematográficos seguirán tan ciegos comos éstos de Cuerda, y nuestras salas tan vacías de espectadores como es de costumbre.
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3 Marzo 2008
La vida de los otros. "Das leben der anderen" en su alemán original. Si hubiera sido española la hubiéramos titulado "Las paredes oyen", puesto que nunca fue más cierta dicha advertencia de nuestro saber popular. Pero entre esas cuatro y grises paredes, las personas viven, mueren, aman, se engañan, traicionan y, sorprendentemente, cambian.
De la metamorfosis más absoluta trata este espléndido film. De la metaforfosis de un país sumido en la dictadura más fascista, que camina implacable hacia el fin de una época, aún sin saberlo. De la metaformosis del protagonista, que pasa de ser el mayor defensor del férreo sistema, "espada y escudo" del gobierno de la ya desaparecida RDA, hacia su transformación en un pequeño héroe anónimo: simplemente, un buen hombre.
Pero es una película alemana, como sólo los alemanes pueden reflexionar sobre sus errores. Siempre me ha fascinado la capacidad del pueblo alemán para ejercer la más implacable de las autocríticas. Y en apenas unos pocos años que distan desde la realidad que dibuja hasta el tiempo presente. Admirables por ello.
Sobria. Perfecta en su factura como una obra de ingeniería. Extraordinaria en la interpretación de la tríada protagonista, Ulrich Mühe, Sebastian Koch y Martina Gedeck. A destacar el capitán de la Stasi, capaz de cambiar su registro en dos horas de metraje, desde el más despiadado de los interrogadores, hasta el de indefenso cartero que guarda en su memoria la pequeña heroicidad de su rebelión secreta y anónima.
Magistralmente dirigida por un novel Florian Henckel von Donnersmarck, con el sustento de un inteligente guión de thriller político.
Absolutamente recomendable, sirva esta crítica para ofrecerle un pequeño homenaje a destiempo, puesto que la trama alcanza lamentablemente extrapolaciones atemporales. Podría haber sido ambientada en la pasada oscura España franquista, pero también en la presente pesadilla del yugo cubano.
Un buen ejercicio de cine y libertad.
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26 Noviembre 2007
Crítica de "Luz de domingo", J.L. Garci
Ayer fui al cine. Pero podría haber asistido a una clase magistral de narrativa cinematográfica. Para el caso, sería lo mismo. Vi "Luz de domingo", de José Luis Garci. Y, además de disfrutar de una historia muy bien narrada, entendí muchas cosas. Por qué, pese a las críticas siempre desfavorables, Garci sigue siendo nuestro mejor cineasta. En el primer plano, "alguien llega". Una vez más, la clásica estructura del western. El "forastero" llega al pueblo, donde nunca pasa nada, hasta que pasa de verdad, y se desencadena la tragedia. En este caso, Urbano, el nuevo secretario de Cenciella, provoca con su llegada que viejos rencores se aviven, en una España dominada por el caciquismo y la envidia al prójimo. Allí se enamorará de Estrella, la bondad hecha doncella, y el desencadenante de la envidia de los hijos del cacique. Urbano y Estrella conforman esa extraña y frágil pompa de jabón, donde la belleza emana de la bondad de las personas. Todo es perfecto, en su frágil harmonia. Hasta que la realidad impera, de forma brutal, y los dominantes deciden poner fin al equilibrio con una cobarde y brutal agresión sexual. Es entonces donde la película alcanza su cumbre narrativa. Acabada la larga introducción, el espectador queda atrapado en la penumbra de la sala. Sabe, desea incluso, que la venganza proclame la justicia arrebatada. Pero no sabe cómo, ni cuando, ésta se producirá. Joaco y Urbano, el corazón y la razón, el ejecutor y el cerebro. Uno pone sus manos a disposición del otro, y el otro, calculador, elige el momento adecuado. La mejor escena, sin duda, un insuperable Landa ordenándole al protagonista "tú sigue siendo como eres, y déjame a mi ser como soy". Y los enamorados emprenderán el largo viaje hacia su segunda oportunidad en la tierra prometida. Mientras el ejecutor, el viejo lobo herido con la deshonra de su nieta, decide poner la rúbrica materializando por fin la venganza. Introducción, nudo y desenlace. Y para concluir la estructura circular de toda buena historia, en el último plano, de nuevo... "alguien llega". Lo mejor, las deliciosas tramas secundarias, la excelente dirección de actores, la contención de Landa, un gigante. La brutalidad de Larrañaga, el mejor del reparto. Como ya es habitual, la bella fotografía sobre Asturias. Quizás lo peor, el ritmo injustificadamente lento de la introducción, y la visión de un Nueva York de cartón piedra. Al fin, absolutamente recomendable.
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